Ana Mayerling Velázquez Rugama

“Mis hijos tuvieron una infancia de mucho sacrificio, pero ahora que están más grandes espero que entiendan que todo fue para que ellos tengan una casa segura y vivan en un ambiente feliz. Ahora me siento satisfecha, muchas veces me levanto a la mañana y no lo puedo creer.”

 

“No hay nada más triste que no tener un lugar seguro donde vivir”

Ana Mayerling Velázquez Rugama vive en la ciudad de Estelí y nos cuenta cómo fue el proceso de convertir su casa de madera en una vivienda segura y adecuada.

 

Ana Mayerling Velázquez Rugama es una de esas personas que, a través del sacrificio y la determinación, pudo lograr el sueño de tener una vivienda adecuada para ella y sus dos hijos. Al día de hoy, Ana ha pedido 7 micro-créditos para mejoramiento de vivienda con asistencia técnica de Hábitat para la Humanidad Nicaragua.

 

A los 28 años de edad Ana Mayerling se quedó sola con sus hijos de 2 y 6 años porque su esposo viajó a otro país para trabajar.  Para tener un ingreso aprendió belleza y tiene un pequeño salón en donde corta, plancha el pelo y hace iluminaciones.  También vende varias marcas de productos de belleza y ropa.

 

“Hace algunos años compré un solar con una casita de madera y cartón donde vivía con mis dos hijos. En ese momento mis hijos eran chicos y no querían vivir en esa casa, incluso en la escuela nunca le decían a sus amigos donde vivían porque les daba pena que las paredes tuvieran hoyos”, cuenta Ana.

 

“Pedí un préstamo para mejorar mi casa, pero antes hice un presupuesto de mis gastos para no embarcarme en algo que después no iba a poder pagar. Con el primer crédito levanté las paredes de la sala”.

 

“Tuve que hacer sacrificios para lograr la casa que tengo ahora, muchas veces dejé de celebrarle el cumpleaños a mis hijos porque era eso o pagar el micro-crédito y me parecía que era mejor regalo para ellos que tuvieran una casa segura a gastar en una piñata. No hay nada más triste que no tener un lugar seguro donde vivir”, señala.

 

“Recibo dinero por mes que me manda mi marido desde el exterior, ese dinero yo lo destino íntegramente a pagar el préstamo”.

 

“Con el segundo crédito hice mi cuarto y luego la cocina. Cuando terminaba de pagar un crédito, pedía otro para seguir con las mejoras. Así pude construir el cuarto del niño y otro para la niña. No pensaba en repellar, ni en tener piso de embaldosado, yo pensaba en seguir construyendo paredes de bloque para dejar de tener paredes de cartón”.

 

“Mis hijos tuvieron una infancia de mucho sacrificio, pero ahora que están más grandes espero que entiendan que todo fue para que ellos tengan una casa segura y vivan en un ambiente feliz. Ahora me siento satisfecha, muchas veces me levanto a la mañana y no lo puedo creer”, concluye Ana Mayerling.

¿CREES QUE TODOS MERECEMOS UNA VIVIENDA ADECUADA Y SALUDABLE?