Reina Isabel Colindres

Hoy Reina Isabel Colindres puede dormir tranquila. Este año, a sus 65, fue la primera vez que sintió que tenía un hogar digno. Hace algunos meses al frente de su propiedad había una casa que se estaba derrumbando. De esa casa solo quedan algunos pedazos de madera en buen estado, ahora acomodados en un rincón del patio u ocupados en las paredes de las habitaciones, aún precarias, que ha construido para sus hijos y nietos.

 

En su vivienda semilla, construida en febrero de 2017, por voluntarios de Hábitat para la Humanidad, viven ella, su esposo Francisco y una nieta. Las otras habitaciones, ubicadas en la parte posterior del terreno, son ocupadas por 2 hijas y 4 nietos más.

 

 

Sus nietos son atendidos por ella mientras sus padres no se encuentran en casa, a como fue criada ella por su abuela cuando era niña y vivía en las montañas de Jalapa, a pocos kilómetros de la línea fronteriza que divide Nicaragua de Honduras. “Mi abuela era muy cariñosa, a ella le debo lo que soy ahora, y a un tío que se encargó de cuidarnos porque mi mamá se tuvo que ir a buscar trabajo para poder mantenernos”, rememora. No pudo ingresar a la escuela porque no tenía los medios para hacerlo. “En aquellos tiempos no teníamos las facilidades que tienen los niños ahora, capaz si hubiera vivido en la ciudad me hubieran enviado a la escuela, pero crecí en una montaña”, señala.

 

Recuerda el primer día de construcción con alegría. La brigada de voluntarios llegó temprano por la mañana, les dio la bienvenida y platicaron con ella y el resto de su familia. Luego tomaron la carretilla, herramientas y comenzaron a trabajar. Después de 5 días de trabajo, los voluntarios dejaron las paredes levantadas y el piso terminado. “Los recuerdo con mucho cariño, ellos levantaron mi casa y siempre oro para que estén bien en sus lugares”, dice Reina mientras toma la foto que ha colocado en una de las paredes de su vivienda. En la foto, el equipo de voluntarios posa frente a la vivienda que en aquel momento no había terminado de ser construida. Unas semanas después un equipo de albañiles terminó su vivienda y finalmente pudo gozarla.

Foto: Brigada de voluntarios de Hábitat para la Humanidad que construyó la vivienda de Reina. Estelí, Febrero 2017.

Con el apoyo de su hija volvió a abrir una venta de abarrotes en su vivienda semilla. “Siempre he sido buena para el negocio, compré unas bolsas de pan a un amigo, puse una mesa y así comencé. Luego mi hija me preguntó si quería hacer una venta y le dije que si, entonces ella me ayudó para hacerla”, recuerda. “Cuando uno es joven las experiencias no las agarra en serio, por eso para mí el amor es compartir consejos con mi familia”, señala. Hoy Reina ve hacia el futuro con optimismo, sintiéndose segura en su nuevo hogar.

¿CREES QUE TODOS MERECEMOS UNA VIVIENDA ADECUADA Y SALUDABLE?