Victor Calero y Sirley Rodríguez

Victor Calero y Sirley Rodríguez se conocieron en Rivas, cuando él trabajaba en ese departamento del sur de Nicaragua. 8 meses después decidieron vivir juntos y se mudaron a la casa de la mamá de Victor, en San Cayetano. Sirley ya tenía una hija, Wendy, cuando llegó a la casa de su suegra. El inicio fue difícil. “Una pareja necesita privacidad y nosotros teníamos que compartir el cuarto con mi niña”, narra Sirley.

 

Hábitat Nicaragua ya ejecutaba proyectos de construcción de viviendas en la comunidad. “Vinieron a encuestarnos y a medir, me preguntaron si teníamos título del terreno”, cuenta Victor. Unos meses después, a finales de 2013, fue construida la vivienda semilla con voluntarios de Estados Unidos. Sirley recuerda que los voluntarios eran amables y que se comunicaban con ellos a través de los técnicos de Hábitat. “Les gustaba el trabajo duro”, rememora.

 

 

Al finalizar la construcción, en cuanto las paredes estuvieron pintadas, las puertas y ventanas instaladas y los detalles acabados, la familia se mudo a su nuevo hogar. “Yo me sentí feliz porque desde que yo vine aquí soñaba con tener mi casa, no estar siempre con mi suegra”, afirma Sirley.

 

Poco después, ya en la nueva casa, llegó una nueva hija a la familia. “Si la niña se hubiera criado donde mi suegra no hubiera sido igual, aquí tiene un espacio, aquí comenzó a gatear”, asegura Sirley. Un año después de la construcción, la familia ganó el concurso de la casa más bonita, organizado por Hábitat Nicaragua en conmemoración del 30 aniversario de la organización. Con el premio lograron ampliar su vivienda y construir un cuarto y una terraza más. “Ahora las niñas se sienten felices por tener su cuarto”, cuenta Sirley.

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